
En estas fechas, encontrarse con la fe y la obra de Jesús de Nazareth es bastante sencillo. Lo vemos en las películas que pasan por la televisión, en las procesiones de nuestros municipios o, simplemente, en nuestro algoritmo, que nos muestra su vida y obra llena de milagros, proezas e incluso sus enseñanzas que, dos milenios después siguen generando debates y discusiones sobre su existencia y veracidad.
Sin embargo, esta columna de opinión quiere hablar de una visión distinta: la del Jesús Líder, el que entró al desierto siendo Hombre, pero salió siendo el Líder que esperaban y auguraban Reyes, Magos y Sacerdotes. Hoy quiero hablar de ese Jesús que, dentro de todas sus enseñanzas, también enseñó que el discurso y la palabra pueden llegar a transformar.
Aunque soy católico y devoto a la Virgen del Carmen, esta columna quiere salir un poco de una visión teológica o siquiera dogmática de la vida y obra de Jesús, para entender, mediante diferentes pasajes de su vida, la importancia de un Liderazgo cercano, vivo y que entienda el todos/as como una manera de colectivizar las luchas. Así las cosas, con mucho respeto, poder comprender la importancia de su forma de vida para los nuevos liderazgos que se esperan lleven las riendas de un País.
Partamos de un momento que, para mí, tiene un significado tan importante: la entrada de Jesús durante los 40 días y 40 noches en el Desierto. Dicho pasaje bíblico, a mi parecer, tiene un valor fundamental: el Sacrificio, pero no entendido desde lo negativo o desde el castigo, sino desde el valor de entregar aquello que nos amarra para ser mejores Personas. Dicen que Jesús no aceptó ninguna de las tentaciones que el Diablo le hacía porque su propósito era transformarse en el Mesías y, por ello, sacrificó la alimentación, el poder de ser Rey e inclusive la validación de su veracidad como Enviado de Dios. Esto demostró que el Sacrificio, como en el Liderazgo, no debe ser un instrumento para vanagloriarse, sino para ser mejor uno mismo y salir de un Desierto llamado situaciones como un mejor Líder.
¿Cuántas veces no hemos tenido que pasar por esos Desiertos de la vida? Esos Desiertos como los problemas en un Equipo de Trabajo, las crisis económicas o los fracasos en los Proyectos. Y son los Sacrificios —como evitar el problema, ahorrar un poco de dinero o simplemente volver a intentar el Proyecto— los que nos hacen mejores Líderes. Desde mi perspectiva, Jesús se vuelve mejor Líder porque afronta, por medio del Sacrificio, su mejor versión.
Otro rasgo del Liderazgo de Jesús fue su capacidad de Oratoria. Por medio de sus Parábolas y sus Mensajes, convenció a toda una región y continente de que su palabra era la Salvación, pero no de la manera que muchos esperaban. No vino a imponer su palabra, no usó la violencia y tampoco estaba acompañado de Ejércitos, como solía ser costumbre en la época en la cual fue contemporáneo. Él enseñó desde el Amor, desde comprender que su palabra no era restrictiva, sino que podía ser escuchada tanto por quien asistía todos los días a la Sinagoga como por quien no era creyente.
Esa forma de utilizar la palabra puede ser estudiada a la par de grandes Oradores que, por medio de su discurso, han movilizado movimientos y formas de generar cambio. La diferencia es que lo que Jesús decía trascendió milenios, continentes y generaciones enteras. Las palabras se las lleva el viento, pero su Palabra y su Oratoria hoy siguen sorprendiendo por la profundidad de lo que decía.
Finalmente, quiero terminar entendiéndolo desde el Amor. Una canción dice que Jesús no es sustantivo, sino verbo, entendiendo que Jesús no es solo una Persona, sino que fue Amor; fue entender que amar al Prójimo como quisiéramos ser amados resolvería la gran mayoría de problemas, y eso hoy le falta al Liderazgo. Jesús no era el mejor Líder porque era el que más gritaba o el que más destacaba; lo era porque aprendió que una Causa prevalece si es el Amor el que la sostiene.
Hoy, ser Líder o pretender llegar a serlo debe implicar entender que el Amor al mundo, a la Tierra, al otro o, simplemente, a la Causa, debe ser primordial para construir un Proyecto exitoso y colectivo. Tal vez, ser Líder es amar la Causa como uno quisiera que lo amaran.
Hablo de este tema con profundo respeto, pero con la seguridad de que Jesús me ha enseñado a ser mejor Persona. Y, así como vi en un meme, si uno se devolviera en el tiempo para salvarlo de la crucifixión, Él no aceptaría nuestra y cumpliría su propósito y nos enseñaría que, como en el Liderazgo, la vida de él fue un Propósito que culminaba con ese momento: ese es inevitable y ese es el que debemos trabajar día a día.
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