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La diplomacia o la intervención: Petro visita a Trump

Por: Efran Daniel Lugo Murcia, Politólogo especialista en Gestión Pública

A propósito de la reciente escalada intervencionista que ha venido impulsando Donald Trump, marcada por intereses económicos y geopolíticos en distintos países, la región volvió a estremecerse. El episodio más cercano, ocurrido el pasado 3 de enero en Venezuela, obligó a muchos gobiernos latinoamericanos a replantear su posición diplomática frente a Estados Unidos y a revisar hasta dónde llega la soberanía cuando una potencia decide actuar de manera unilateral.

 

Desde una posición personal y jurídica, cualquier intervención militar en un país soberano constituye una apología a la destrucción de los principios emanados de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Es la imposición de un poderío militar capaz de segar miles de vidas en cuestión de segundos. Aun reconociendo que Venezuela ha sido gobernada por un régimen autoritario que ha reprimido a su pueblo y a la oposición política, la actuación de Estados Unidos generó un profundo temor regional y reabrió viejas heridas en América Latina.

 

En medio de este escenario, la relación entre el presidente Gustavo Petro y Donald Trump no ha sido precisamente la mejor. ¿De quién es la responsabilidad? Sectores de la ultraderecha colombiana, incluidos algunos senadores y precandidatos, viajaron a Estados Unidos para pedir abiertamente que no se apoyara más a Colombia mientras la izquierda siguiera en el poder. Incluso solicitaron respaldo político y mediático para facilitar el regreso de la derecha al gobierno. La situación escaló al punto de que el propio Trump, a través de su cuenta en X, responsabilizó a Colombia del aumento del consumo de cocaína en Estados Unidos y lanzó acusaciones directas contra Petro, insinuando vínculos con el narcotráfico y amenazando con sanciones, lo que fue aprovechado por la oposición como munición política interna.

 

Lo que muchos esperaban era una respuesta diplomática del presidente colombiano. Sin embargo, Petro reaccionó desde la confrontación, recurriendo a mensajes incendiarios en redes sociales, apelando a una malicia política que puede servir en la plaza pública, pero que resulta insuficiente —y peligrosa— frente a una potencia mundial con capacidad real de afectar la estabilidad económica, política y social del país. Ese tono no solo tensó más la relación, sino que reavivó el fantasma de volver a ser tratados como el “patio trasero” de Estados Unidos.

 

Afortunadamente, dentro del propio gobierno existen funcionarios que entienden que la política exterior no puede manejarse únicamente desde el ego o la ideología. A través de congresistas y canales diplomáticos se logró restablecer una comunicación directa entre Petro y Trump. La preocupación no era menor: grandes empresas extranjeras, incluidas inversiones estratégicas, comenzaron a mostrar señales de incertidumbre ante la posibilidad de un deterioro mayor de la relación bilateral, lo que afectaba directamente la confianza inversionista en Colombia.

 

Finalmente, Petro accedió a dialogar con Trump. Tras esa conversación, quedó en evidencia que gran parte de la información que tenía el expresidente estadounidense sobre Colombia provenía de sectores opositores y estaba cargada de distorsiones. El propio Trump lo reconoció implícitamente cuando, también en X, manifestó estar complacido con el diálogo sostenido y anunció que recibiría al presidente colombiano en la Casa Blanca. Para la oposición fue un balde de agua fría: una estrategia de presión internacional se desmoronaba.

 

Sin embargo, más allá del golpe político interno, la preocupación persiste. Petro no puede ir a Estados Unidos solo a desescalar tensiones personales. Debe traer serenidad diplomática, pero también resultados concretos: inversión, cooperación y estabilidad. Y para lograrlo, necesita algo más que retórica: debe llevar un discurso más global, más estratégico y menos reactivo. La diplomacia, en estos tiempos, no es una opción secundaria; es la única vía responsable para proteger al país

 

La opinión del columnista obedece exclusivamente a su criterio y al del sector que representa, y no compromete ni refleja la postura ni la línea editorial del medio de comunicación Ángeles TV.

 

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