
La iniciativa busca establecer condiciones para que estos grupos abandonen las armas, entreguen sus bienes, colaboren con las autoridades y respondan ante la justicia. Sin embargo, su aprobación en el Senado abrió un nuevo debate político por los beneficios penales que contempla para quienes decidan acogerse al mecanismo.
Uno de los puntos más controvertidos es la posibilidad de reducir las condenas. De acuerdo con el texto aprobado, los integrantes de base de las organizaciones criminales podrían acceder a rebajas de hasta el 50 % de sus penas, mientras que los cabecillas tendrían reducciones de hasta el 30 %, siempre que cumplan las condiciones establecidas.
La propuesta también plantea que los responsables de reclutar menores de edad queden excluidos del tratamiento penal diferenciado. Además, quienes pretendan someterse deberán entregar información sobre sus estructuras, revelar sus bienes y finanzas, contribuir al esclarecimiento de hechos criminales y cumplir compromisos relacionados con la entrega de armas y la reparación de las víctimas.
A diferencia de los procesos de negociación política, el Gobierno sostiene que este mecanismo no reconoce estatus político a las organizaciones criminales. Tampoco contempla la suspensión automática de órdenes de captura ni de solicitudes de extradición, según los alcances explicados por el Ejecutivo.
La votación estuvo acompañada de diferencias entre las bancadas y cuestionamientos sobre el alcance de los beneficios. Mientras sus promotores defienden la iniciativa como una herramienta para debilitar las estructuras ilegales y facilitar su desmantelamiento, sus críticos mantienen preocupaciones sobre las condiciones de sometimiento y las garantías para las víctimas.
Pero la decisión del Senado no significa que el proyecto ya sea ley. La iniciativa debe superar su último debate en la Cámara de Representantes. Si esa corporación aprueba el mismo texto, podrá avanzar hacia la sanción presidencial; si introduce modificaciones, será necesario un proceso de conciliación entre ambas cámaras.
El Gobierno enfrenta además una carrera contra el tiempo: la discusión debe resolverse antes del vencimiento de la vigencia de la Ley de Orden Público, previsto para la medianoche del miércoles 4 de noviembre. De no completarse el trámite dentro del plazo, la iniciativa podría enfrentar dificultades para entrar en vigor bajo el marco planteado.
Ivan Cancino – Ministro de Justicia




