
Después de unas elecciones llenas de efervescencia y calor, que para algunos significaron una victoria y para otros una derrota, lo cierto es que en democracia los triunfos no siempre son absolutos ni las caídas un fracaso total. El pasado 21 de junio muchos recibimos un golpe de realidad, pero también se mantuvo viva la esperanza de nuevas alternativas de cara a las grandes transformaciones que un proyecto político espera consolidar.
No hay gobierno que se sostenga solo con promesas y gritos pidiendo patria y firmeza; se sostiene con resultados y cambiándole la vida a las personas. Más allá de una ideología o un propósito partidista, el verdadero reto del nuevo presidente de la República será la coherencia en su programa de gobierno. Por lo visto, desde que le entregaron la credencial, entre anuncios y alianzas, ya empiezan a surgir los primeros reparos.
¿Cómo gobernar Colombia?, un libro que leo en mis tiempos libres para entender la gestión pública y prepararme para lo que viene, establece que los primeros 90 días del nuevo mandatario serán color de rosa: un espacio ideal para solidificar su legitimidad y construir eso que él llama la “Patria Milagro”. Sin embargo, el verdadero reto comenzará después de esos tres meses, cuando deba entender que no está gobernando solo para el séquito que grita “Firme por la Patria”, sino para una ciudadanía que añora que sus problemas tengan, por lo menos, una vía de solución.
Ahora bien, ¿qué le queda a Ibagué? La Capital Musical de Colombia hoy piensa en el Festival Folclórico y en el Mundial, y es apenas normal; no podemos pretender que todos vean a la política como el único camino. Sin embargo, después de que pase la fiesta de esta época, comenzará una nueva campaña: la que aspira a buscar al sucesor o sucesora del Palacio Municipal.
Aunque parezca increíble, el proceso a la presidencia define ciertos rumbos, pero no lo deja todo escrito. Hoy existe un panorama favorable para las fuerzas alternativas y progresistas, pese a la derrota electoral en las presidenciales. Esa es una lectura que los líderes de dicho sector deben asumir con humildad, unidad y pensamiento colectivo.
Se avecina un escenario interesante: buscar la gobernabilidad en una ciudad que, en los comicios regionales, no atiende a lógicas ideológicas, sino a soluciones concretas para problemas históricos como el agua, la educación, el empleo y la participación ciudadana en los territorios.
Para esto, hay dos actores que deben levantar la mano. Las primeras son las juventudes, que en esta contienda presidencial demostramos capacidad para construir agendas electorales, movilizar procesos y salir nuevamente a las calles. Sin embargo, el sector juvenil enfrenta un desafío enorme: evitar que el ego nuble los propósitos colectivos y dejar de permitir que los personalismos afecten las campañas.
El segundo actor son las bases sociales, la persona de a pie. En ella es en quien se debe enfocar la estrategia, porque la política en sí misma no es un fin puramente ideal; es la oportunidad de transformar la vida en sociedad de acuerdo con proyectos y acciones reales. Hay mucho por construir, pero el camino hoy es mucho más claro que hace cuatro años.
La opinión del columnista obedece exclusivamente a su criterio y al del sector que representa, y no compromete ni refleja la postura ni la línea editorial del medio de comunicación Ángeles TV.




