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¿Por qué el Tolima no vota por el Tolima?

Por: Viviana Rodríguez, periodista y Comunicadora Social

Estamos, una vez más, en temporada electoral. Las calles se llenan de afiches, las redes sociales hierven de promesas y los discursos se multiplican en plazas y auditorios. Colombia se prepara para elegir Cámara, Senado y Presidencia. Y en medio de esa dinámica democrática, vale la pena detenernos en una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué está pasando con el voto al Senado desde el Tolima?

A diferencia de la Cámara de Representantes —donde el voto tiene un anclaje territorial— el Senado permite sufragar por cualquier candidato del país. No hay fronteras departamentales. El ciudadano puede marcar por quien considere mejor, sin importar si es del Caribe, el Pacífico, Bogotá o el Eje Cafetero. Es legal, es legítimo y es parte de la arquitectura institucional.

Sin embargo, el comportamiento electoral del Tolima en las últimas contiendas ha dejado un interrogante persistente: ¿por qué tantos tolimenses prefieren votar por candidatos de otros departamentos antes que por los propios?

¿Es un problema de credibilidad?

¿Se agotó la confianza en los liderazgos locales?

¿Las promesas incumplidas erosionaron la esperanza colectiva?

No se trata de chauvinismo ni de imponer una lógica cerrada del “votar por los nuestros porque sí”. La democracia no funciona así. Cada ciudadano es libre de elegir según su criterio, convicción ideológica o afinidad programática. Pero políticamente el fenómeno tiene implicaciones profundas.

Cuando un departamento no consolida una representación fuerte en el Senado, pierde capacidad de interlocución estratégica en el nivel nacional. El Senado no solo legisla; también incide en el presupuesto, en las prioridades del Gobierno y en la articulación de grandes proyectos de infraestructura, inversión social y desarrollo productivo. La política, nos guste o no, también es gestión de poder.

Paradójicamente, en más de una ocasión hemos visto cómo congresistas de otras regiones gestionan recursos o acompañan proyectos con mayor eficacia que algunos elegidos con respaldo local. Eso genera otra pregunta aún más incómoda: ¿será que el problema no es de origen geográfico sino de compromiso político?

Porque el verdadero debate no es si el senador nació en Ibagué, en Chaparral o en Barranquilla. El debate es si representa con coherencia los intereses del Tolima, si entiende sus problemáticas estructurales —vías terciarias, competitividad agrícola, seguridad, empleo juvenil— y si convierte su curul en una herramienta de gestión real y no en una plataforma personal.

Cuando el electorado opta por candidatos externos, puede estar enviando varios mensajes: castigo a las élites locales, búsqueda de liderazgo más sólido, identificación con proyectos políticos nacionales más estructurados o simple desencanto con lo que se ha tenido. El voto también comunica inconformidad.

Ahora bien, si el Tolima dispersa su votación en candidaturas de otros territorios, ¿qué significa eso en términos de peso político agregado? Significa fragmentación. Significa menor capacidad de negociación colectiva. Significa depender de agendas que no necesariamente priorizan lo regional.

Eso no implica que votar por alguien de fuera sea incorrecto. No lo es. La democracia no impone fronteras para la conciencia. Cada quien es libre de votar por quien lo convenza y cada candidato es libre de hacer campaña donde considere que puede “pescar” votos. En época electoral, todos recorren el país buscando adhesiones.

Pero más allá de simpatías personales o estrategias publicitarias, el llamado de fondo es otro: elegir con criterio. Elegir con memoria. Elegir con exigencia.

El Tolima no necesita más promesas; necesita resultados verificables. No requiere discursos inflamados; requiere gestión, incidencia y coherencia legislativa. Sea un senador nacido aquí o en cualquier otro rincón del país, lo esencial es que llegue a trabajar por y para el departamento, con responsabilidad política y rendición de cuentas.

Al final, la pregunta no es solo por quién votamos. La pregunta es qué tipo de representación queremos construir y qué tan dispuestos estamos a exigirla. Porque la democracia no termina el día de las elecciones; apenas comienza.

 

 

La opinión del columnista obedece exclusivamente a su criterio y al del sector que representa, y no compromete ni refleja la postura ni la línea editorial del medio de comunicación Ángeles TV.

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