
El reloj político no se detiene. Desde el 8 de noviembre, la Registraduría Nacional abrió el plazo oficial para inscribir candidatos al Congreso de la República para las elecciones de 2026. El proceso se cierra el 8 de diciembre, y con él se define quiénes aparecerán en el tarjetón. Sin embargo, lo que debería ser un ejercicio transparente de competencia interna se ha convertido en un revoltijo desesperado: llamadas, presiones, ofrecimientos, resurrecciones políticas y fichas moviéndose como en un ajedrez donde pocos deciden y muchos obedecen.
En el Tolima, los grandes cacaos andan en modo supervivencia, reclutando exalcaldes, exconcejales, empresarios, líderes sociales, personalidades de ocasión e incluso influencers. Aquí no importa si conocen el Estado, si entienden la técnica legislativa, si tienen discurso o si saben dónde queda una comisión constitucional. Lo que importa es sumar votos al umbral. Eso sí: que no sumen demasiado, no vaya a ser que terminen superando a los ya bendecidos, a las cabezas de lista que los partidos han blindado para asegurarles la curul.
Esa es la tragedia de fondo: partidos cerrando las puertas a una competencia interna real y aspirantes que, aun sabiéndolo, aceptan el juego. Muchos están prestando su nombre para que otro gane. Y en política, como todos saben, nadie pierde, menos los candidatos que se integran a estas listas de relleno.
El Partido Conservador está a punto de cerrar su lista, y todo indica que será la fuerza que pondrá el umbral más alto en el departamento. La maquinaria azul sigue viva, y con una estructura que, guste o no, les garantiza ventaja.
El Partido de la U, con la nueva alianza y un pragmatismo casi quirúrgico, se quedó con el codiciado apoyo del Partido MIRA. Aspiran a dos curules, aunque las matemáticas electorales no dan para tanto. Pero si MIRA se activa, si la base disciplinada se mueve, ¿quién dijo que no podrían quedarse incluso con la curul? Aquí todo puede pasar. Lo cierto es que la alianza, sumada a pequeñas fuerzas que aportan votos seguros, les asegura entrar al juego.
El Centro Democrático va tarde, muy tarde. Los tolimenses siguen esperando la lista definitiva del partido que se autoproclama guardián de la seguridad democrática. Una curul la tienen casi asegurada, más por polarización nacional que por narrativa regional. Aun así, el país dividido les juega a favor; su logo sigue siendo un imán para un electorado inconforme y fiel.
El Partido Liberal, respaldado por el gobierno nacional, podría sostener su curul. Pero el relevo generacional brilla por su ausencia. El partido rojo en el Tolima parece condenado a reproducir lo mismo de siempre: las mismas fichas, los mismos liderazgos, la misma estructura. Renovación, poca.
En el Pacto Histórico, la incertidumbre reina. Todavía no queda clara la lista completa, y el partido de Gobierno se está quedando atrás. Requerirán del músculo nacional para intentar llegar al umbral. Hoy, no se les ve una curul fija, lo cual es un contraste doloroso para algunos candidatos con trayectoria que, quizá, están en el partido equivocado.
¿Y Cambio Radical? Bien, gracias. Sin lista, sin liderazgos sólidos, con personas tratando de improvisar. Si algún partido necesita aplicar su propio nombre con urgencia, es este: un cambio verdaderamente radical.
Estamos, entonces, a días de conocer el menú completo de candidatos. Y después del 8 de diciembre iniciará la verdadera carnicería política: ataques internos, traiciones, compra y venta de apoyos, golpes bajos y campañas sin propuestas. Se despedazarán entre ellos mientras el ciudadano mira, cansado, un espectáculo repetido.
Ojalá —aunque la historia diga lo contrario— que los tolimenses voten masivamente, investiguen, revisen los perfiles, analicen quién representa intereses colectivos y quién solo responde a una estructura. Pero las elecciones al Congreso siguen siendo, en gran medida, un ejercicio de maquinaria, plata y acuerdos en la sombra. Un voto de opinión en este terreno es casi una rareza.
Aun así, lo que ocurra en esta contienda definirá el mapa político regional y condicionará el camino hacia las futuras elecciones locales. Aquí se juega más que unas curules: se juega el poder, el futuro de los partidos y el pulso de la política tolimense.
Se acaba el tiempo para inscribir candidatos. Y se les acaba también el margen para seguir improvisando. Los cacaos saben que este es el momento de mostrar sus cartas o resignarse a perder terreno en un escenario que ya no perdona improvisación ni listas hechas al afán.




