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Zonas azules, ordenar para avanzar 

Acertado el anuncio de la Administración Municipal de poner en marcha las Zonas Azules, pues Ibagué creció. Creció en población, en parque automotor, en actividad comercial y en dinámica urbana. Sin embargo, ese crecimiento no siempre vino acompañado de orden. Hoy, uno de los problemas más visibles es el estacionamiento descontrolado en las principales zonas de la ciudad. En ese contexto, la implementación de las zonas azules no debe verse como una medida impopular, sino como una herramienta moderna de organización urbana.

Las zonas azules no son un invento improvisado ni una carga innecesaria para el ciudadano. Son un mecanismo probado en ciudades intermedias y capitales del país para garantizar rotación vehicular, mejorar la movilidad y dinamizar el comercio local. En sectores estratégicos de Ibagué, hoy ocurre lo contrario, vehículos estacionados durante horas, e incluso todo el día, ocupan espacios públicos que deberían permitir el flujo constante de clientes, visitantes y residentes.

Ordenar el espacio público es una forma de respeto colectivo. Cuando no existe regulación efectiva del estacionamiento, gana el más vivo, el que llega primero y se queda más tiempo, sin pensar en el impacto sobre los demás. Las zonas azules corrigen esa inequidad, democratizan el uso del espacio y devuelven la calle a su función principal: facilitar la movilidad y la actividad económica.

Además, la experiencia demuestra que el comercio formal se beneficia. Mayor rotación significa más clientes potenciales. Un vehículo que se queda ocho horas frente a un local no compra ocho veces; ocho vehículos que pasan en ese mismo tiempo, sí. Las zonas azules, bien implementadas y socializadas, activan el comercio, reducen el caos y mejoran la percepción de seguridad.

Otro punto clave es el impacto en la movilidad. La única solución a los problemas de tránsito no puede ser solo comparendos o restricciones. Se requiere gestión inteligente del espacio urbano, y el estacionamiento regulado es parte fundamental de esa ecuación. Menos vehículos buscando dónde parquear significa menos congestión, menos estrés y menos contaminación.

Por supuesto, la implementación debe ser responsable. Zonas azules no es sinónimo de privatización del espacio público. Debe existir control, señalización clara y priorización de residentes, así como alternativas para personas con discapacidad y carga y descarga comercial. Bien hechas, las zonas azules son aliadas del ciudadano, no enemigas.

Ibagué tiene hoy una oportunidad, pasar del desorden tolerado al orden inteligente. Apostarle a las zonas azules es apostarle a una ciudad más organizada, más competitiva y más amable. No se trata de cobrar, sino de entender que el espacio público es limitado y que su uso debe ser regulado en beneficio de todos.

Ordenar no es castigar. Ordenar es avanzar, Ibagué ya está lista para dar ese paso.

La opinión del columnista obedece exclusivamente a su criterio y al del sector que representa, y no compromete ni refleja la postura ni la línea editorial del medio de comunicación Ángeles TV.

 

 

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