
Quedan pocas horas para que termine el año 2025, un año que, en lo personal, dejó muchas cosas buenas, pero también grandes enseñanzas. Lecciones que nos permiten reconocer que aún tenemos enormes retos como sociedad y que, si los asumimos con responsabilidad, pueden ayudarnos a ser mejores personas.
En cuanto al desarrollo del país, hay que decirlo con claridad: al César lo que es del César. La dinámica económica mostró señales favorables y varias decisiones en esta materia fueron acertadas. Sin embargo, la economía no alcanzó su máximo esplendor, principalmente porque la inseguridad sigue siendo un freno para el desarrollo del campo. Este ha sido, sin duda, uno de los problemas más graves a nivel nacional y una de las razones por las cuales el progreso rural no fue el esperado.
Por eso, de cara al 2026, muchos colombianos anhelamos que regrese la paz, que el campo pueda desarrollarse sin miedo, que el sistema de salud funcione de verdad y que los gobernantes corruptos paguen con cárcel sus delitos. En otras palabras, que la justicia deje de ser un discurso y se convierta en una realidad.
Y es que, a propósito del Día de los Inocentes, vale la pena preguntarnos: ¿cuántas veces no hemos sido inocentes al elegir a los políticos que nos han visto la cara de pendejos, digo, de inocentes? Aunque, siendo honestos, no somos tan inocentes cuando la mayoría vende su voto por cincuenta mil pesos y luego se lamenta durante cuatro años de miseria, mientras los mismos de siempre se llenan los bolsillos.
Que este 2026 no sigamos cayendo en la inocencia disfrazada de resignación. Que los congresistas legislen con proyectos reales, que el presidente gobierne sin extremos, que en el Tolima no se sigan entregando obras inconclusas y que los alcaldes entiendan que administrar no es robar.
Que el nuevo año traiga a los hogares colombianos y tolimenses paz, prosperidad y, sobre todo, unión familiar.
Feliz Año




