
Han pasado más de cinco meses desde que inició el calendario electoral y, con la instalación del último periodo legislativo el pasado 20 de julio, se confirma lo que ya era evidente: los actuales congresistas del Tolima no cumplieron con las expectativas.
De los seis representantes a la Cámara y cuatro senadores oriundos del departamento, lo que hemos visto es una gestión pasiva, poco ambiciosa y desconectada de las necesidades reales de la región. No es excusa el hecho de que el actual gobierno sea de izquierda o que las reformas impulsadas por el presidente Petro generaran controversia. Al contrario, el gobierno abrió espacios de participación para todas las fuerzas políticas, incluidos los cinco congresistas conservadores del Tolima, quienes, lejos de traducir esa participación en obras concretas para el departamento, se enfocaron en ampliar la burocracia.
En el territorio, estos congresistas se mostraban como férreos críticos del gobierno nacional, pero en el Congreso su actitud fue complaciente y sin fuerza. No presentaron iniciativas legislativas de impacto, ni ejercieron un control político riguroso. La falta de propuestas orientadas a mejorar la calidad de vida de los tolimenses es alarmante.
Las congresistas aliadas del Gobierno Petro tampoco brillaron. Dos representantes y una senadora que se alinearon con la agenda gubernamental terminaron repitiendo los mismos errores: buscar cuotas, cargos, y esperar a que se repartieran las sobras después de negociar con los partidos tradicionales y los grandes gamonales. No hubo firmeza para reclamar por lo que el Tolima merece. La falta de resultados concretos y visibles en obras, inversiones o programas demuestra una gestión mediocre, que no se diferencia en nada de la oposición burocrática.
También preocupa el bajo perfil del congresista del partido de oposición más fuerte. Se esperaba de él un liderazgo más visible, sobre todo en los debates de control político, pero su presencia fue escasa, y su producción legislativa, prácticamente nula. El argumento de estar en oposición no es válido: el liderazgo se ejerce con valentía, visión y compromiso, no con excusas.
Tolimenses, no sigamos eligiendo congresistas para enriquecerlos o para que nos hagan pasar vergüenza. Es doloroso ver cómo nuestros representantes son señalados como los más ausentes o los más involucrados en escándalos. Necesitamos elegir líderes capaces, con carácter, que gestionen con eficacia, que comprendan que el campo necesita alivios financieros, pero también inversión social; que los jóvenes requieren oportunidades de empleo digno; que la vivienda no debe ser un privilegio, sino un derecho accesible. Este país necesita representantes con propuestas reales, no burócratas silenciosos.
Nuestros congresistas deberían rendirle cuentas al pueblo tolimense. Es inadmisible que, ganando más de 40 millones de pesos mensuales, lo único que aporten sea el calor de su silla. La próxima elección debe ser una oportunidad para corregir el rumbo y exigir altura, compromiso y resultados.




