
Hay una imagen que se está volviendo demasiado común en Ibagué: una esquina llena de bolsas, un colchón abandonado sobre un andén, un sofá viejo junto a un poste o montones de escombros descargados en cualquier espacio público.
Y cada vez que aparece uno de estos basureros improvisados hacemos la misma pregunta: ¿por qué no recogen la basura?
Pero pocas veces hacemos otra que resulta mucho más incómoda:
¿Quién la tiró ahí?
Tenemos que hablar con claridad. Ibagué necesita mejorar muchos aspectos relacionados con el aseo, la vigilancia y el control. Las autoridades y los operadores deben responder, cumplir sus obligaciones y actuar rápidamente frente a los puntos críticos.
Pero sería demasiado fácil responsabilizar únicamente al Estado.
Ibagué también tiene un problema serio de cultura ciudadana.
Un colchón no llegó solo a una esquina. Un sofá no apareció por arte de magia en un separador. Los escombros de una remodelación no caminaron hasta un lote vacío. Alguien tomó la decisión de dejarlos allí.
Y esa conducta termina perjudicándonos a todos.
Queremos una ciudad limpia, organizada y bonita, pero todavía existen ciudadanos que creen que mantener limpia su casa consiste en sacar el problema de la puerta hacia afuera.
No puede ser así.
La ciudad también es nuestra casa.
La calle por donde caminamos, el parque donde juegan nuestros hijos, el separador que vemos todos los días y la esquina de nuestro barrio también nos pertenecen y debemos cuidarlos.
Por eso considero que Ibagué necesita trabajar sobre tres frentes: educación, facilidad para hacer las cosas bien y sanción para quien deliberadamente las haga mal.
Primero, necesitamos una verdadera estrategia permanente de cultura ciudadana. No una campaña de una semana. Hay que llegar a barrios, conjuntos residenciales, colegios y establecimientos comerciales para explicar cómo disponer correctamente residuos especiales, muebles, colchones y escombros.
Segundo, el ciudadano debe saber de manera sencilla qué hacer y a quién acudir cuando necesita deshacerse responsablemente de estos elementos. Si queremos exigir buen comportamiento, también debemos facilitar las herramientas para cumplir.
Y tercero, necesitamos control.
Cuando una persona arroja deliberadamente escombros o convierte el espacio público en un botadero, debe haber consecuencias. Debemos fortalecer la vigilancia sobre los puntos críticos, utilizar las herramientas tecnológicas disponibles y hacer efectivas las sanciones establecidas por la ley.
Debemos ejercer control político para verificar que las entidades responsables cumplan, pero también impulsar una conversación mucho más profunda sobre nuestros deberes como ciudadanos.
Porque los derechos y los deberes tienen que caminar juntos.
Yo quiero trabajar por una Ibagué más limpia, pero quiero hacerlo con la gente, no simplemente señalándola.
Quiero que recuperemos el orgullo por nuestro barrio, que volvamos a cuidar la cuadra, que enseñemos con el ejemplo y que entendamos que arrojar basura en la calle no es hacerle daño a una administración: es hacerle daño a nuestros propios vecinos.
Podemos aumentar las jornadas de limpieza. Podemos recoger toneladas de residuos. Podemos intervenir una y otra vez los puntos críticos.
Pero mientras alguien vuelva al día siguiente a tirar un colchón, unas bolsas o los escombros de una obra, estaremos atacando la consecuencia y no la causa.
Ibagué necesita mejores servicios, mayor control y autoridades que cumplan.
Pero también necesita mejores ciudadanos.
- Una ciudad limpia no es solamente la que más recoge basura. Es aquella en la que su gente entiende que la calle no es un basurero.
Ese cambio empieza por cada uno de nosotros.




