Opinión

Del Gobierno del cambio al Gobierno del caos.

Por: Felipe Ferro

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En el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo.

La situación del Gobierno del presidente Petro es preocupante, por decir lo menos. En tan sólo ocho meses de mandato, hemos visto dos remezones ministeriales y la salida de 10 ministros. Esto envía un mensaje claro de improvisación y falta de liderazgo por parte del presidente de la República.

Esta semana, en el marco de la discusión de la ponencia de la Reforma a la Salud, en la Comisión Séptima de Cámara de Representantes, la cual fue aprobada por estrecho margen, y gracias a que dos representantes conservadores, entre ellos uno del Tolima, abandonaron la comisión, y una representante liberal votará a favor, en contravía de lo manifestado por su partido, se produjo una nueva crisis ministerial que dejó por fuera del gabinete a siete ministros.

Aunque el Gobierno obtuvo una pírrica victoria con la aprobación en primer debate de la ponencia a la Reforma a la Salud, las pérdidas en gobernabilidad son inmensas, puesto que, en palabras del mismo presidente, Gustavo Petro, se ha roto la coalición de Gobierno en el Congreso de la República con los partidos de la U, Conservador y Liberal.

Lo anterior refleja la verdadera cara del presidente de la República, una persona que le disgusta la crítica, el disenso y formas de pensar distintas a la que él de manera iluminada cree profesar. Petro, al mejor estilo de Calígula, anula cualquier voz que dentro de su Gobierno se atreva a controvertir o a insinuar reparos a sus rocambolescas reformas. Por eso, personas como Alejandro Gaviria, Cecilia López, o José Antonio Ocampo, que eran considerados de línea moderada y los adultos responsables dentro de un Gobierno de activistas, fueron sacados a patadas.

A los partidos políticos que hasta hace poco eran sus aliados, el presidente ya les hizo saber que, si desean disfrutar de su burocracia, deben ser sumisos y dóciles; pero si no lo hacen, su intención es ir congresista por con congresista y romper la unidad de sus bancadas. Emulando las peores prácticas clientelares y con repartija de puestos, intentará comprar conciencias para pasar a toda costa sus distópicas reformas, y esto ya quedó demostrado con los tristemente célebres Representantes Conservadores que ayudaron a pasar la reforma a la salud.

El Gobierno, sumergido en su laberinto de incoherencia y confrontación, ratifica que no tiene claro un rumbo fijo, que la realidad lo supera y que gobernar es muy distinto a ser oposición; por eso es evidente la rutinaria improvisación y la generalizada sensación de desgobierno y falta de liderazgo que se vive en los diferentes territorios de la geografía nacional.

La improvisación no es liderazgo, y esto es algo que el presidente Petro debería tener muy en cuenta. Un líder debe tener una visión clara y coherente para el país y debe ser capaz de construir consensos y alianzas sólidas para llevarla a cabo. En lugar de esto, hemos visto una serie de improvisaciones y decisiones unilaterales que han generado más problemas que soluciones.

La falta de liderazgo y la improvisación pueden llevar al país a un camino peligroso. Es importante que el presidente Petro tome medidas urgentes para cambiar esta situación y empezar a construir una visión clara y coherente para el futuro de Colombia.

El país necesita líderes fuertes y capaces, no improvisadores, que sólo generan más problemas. Mientras tanto, los colombianos entraron ya en la desesperanza y la desconfianza del Gobierno del Cambio porque como se dice en los corrillos familiares: En el desayuno se sabe que va a ser el almuerzo.

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