
Con bombos y platillos, la alcaldesa de Ibagué, Johana Aranda, y la gobernadora del Tolima, Adriana Matiz, anunciaron la rehabilitación total de la vía que comunica a la capital tolimense con el populoso barrio El Salado.

La obra, que contempla la intervención de cerca de 70 cuadras entre las calles 103 y 171, promete mejorar la movilidad y renovar las redes de acueducto y alcantarillado. Sin embargo, detrás del entusiasmo oficial, surgen cuestionamientos sobre la verdadera viabilidad del proyecto y los antecedentes de incumplimientos en esta misma zona.
La iniciativa, bautizada como “Conectividad del Corredor del Norte: Ibagué (El Salado, San Bernardo, San Juan de la China) Anzoátegui”, contempla una inversión total cercana a los $64.000 millones, dividida entre recursos municipales y departamentales. El primer tramo, desde la calle 103 hasta la 125, será ejecutado por la Alcaldía con $10.000 millones a través del programa Combo 3×1 del Ibal. El segundo, de la calle 125 a la 171, contempla otros $19.000 millones, también con recursos municipales. A esto se suma una intervención en concreto por parte de la Gobernación, con un aporte de $35.000 millones provenientes de regalías.

“Hoy podemos decir que es una realidad”, aseguró la alcaldesa Aranda, destacando el trabajo conjunto con la Gobernadora y la realización de cinco mesas técnicas. Sin embargo, el anuncio no ha sido recibido con total confianza por parte de la ciudadanía, que recuerda que esta no es la primera vez que se promete una intervención de este tipo en el sector.
Vecinos y líderes comunales han manifestado reservas sobre los plazos, la continuidad de la obra y la calidad de las intervenciones pasadas. Algunos sectores de la comuna Siete aseguran que han sido testigos de múltiples anuncios similares que terminaron en trabajos inconclusos, demoras indefinidas o deterioro prematuro de las vías.
Además, analistas consultados advierten sobre la necesidad de vigilancia ciudadana y control institucional para garantizar la ejecución técnica y financiera de los recursos. La magnitud del presupuesto despierta interés, pero también alerta sobre el riesgo de sobrecostos o contrataciones poco transparentes.
El proyecto, de concretarse en su totalidad, tendría un impacto significativo en la conectividad de la ciudad con el norte rural y zonas estratégicas como San Juan de la China y Anzoátegui. No obstante, la historia reciente de Ibagué con las obras de infraestructura —incluyendo escenarios deportivos y vías inconclusas— obliga a mantener la lupa sobre cada fase de esta ejecución.
Por ahora, la comunidad celebra la posibilidad de ver mejoras reales en una vía que, por años, ha sido símbolo del abandono. Pero al mismo tiempo, se mantiene escéptica y vigilante ante la posibilidad de que la historia vuelva a repetirse.




