
Cada vez que se acercan unas elecciones aparece la misma frase: “Yo voy a esperar a la segunda vuelta”. Muchos creen que la primera jornada electoral no define nada, que es apenas una especie de filtro previo y que la verdadera decisión llegará después. Pero esa idea, repetida durante años, ha terminado debilitando uno de los ejercicios más importantes de la democracia: participar desde el principio.
Este domingo 31 de mayo de 2026, Colombia vuelve a enfrentarse a una decisión trascendental. Y aunque algunos piensen que quedarse en casa no cambia nada, la realidad es completamente distinta. No salir a votar en primera vuelta también es una decisión. Es permitir que otros escojan el rumbo del país por usted.
La primera vuelta no es un simple trámite. Allí se define quiénes tendrán la posibilidad de llegar a la Presidencia, qué proyectos políticos toman fuerza y cuáles quedan en el camino. Muchas veces, los resultados de esa primera jornada terminan marcando alianzas, discursos y el futuro mismo de la campaña. Esperar a la segunda vuelta puede significar llegar tarde a una decisión que ya comenzó a tomarse sin millones de voces.
La democracia no funciona solamente cuando nos gusta un candidato o cuando sentimos total afinidad por una propuesta. También funciona cuando entendemos que el voto es una herramienta para participar, exigir y enviar mensajes políticos claros. Quedarse al margen por apatía, cansancio o desconfianza solo fortalece la indiferencia y aumenta la distancia entre los ciudadanos y quienes gobiernan.
Después vienen las críticas. Muchos cuestionan el estado del país, la inseguridad, el desempleo, la corrupción o las decisiones de los gobernantes. Pero vale la pena preguntarse: ¿qué pasa cuando quienes se quejan no participaron? ¿Qué ocurre cuando millones prefieren el silencio electoral y luego sienten que nadie los representa?
Colombia necesita ciudadanos activos, no espectadores. El voto no garantiza soluciones inmediatas, pero sí garantiza participación. Y una democracia donde pocos deciden por muchos termina siendo una democracia débil.
Este 31 de mayo no se trata solo de escoger un candidato. Se trata de asumir una responsabilidad con el país. Porque al final, cuando alguien decide no votar, otros terminan tomando la decisión por él.
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