
Desde los distintos grupos políticos ya empiezan a sonar los nombres de quienes pretenden quedarse con el poder en el cargo de Gobernador del Tolima. Podría parecer apresurado, pero muchos aspirantes empiezan a posicionarse a través del padrinazgo político de candidatos a la Cámara o al Senado. Estas elecciones sirven como escenario para hacerse contar y levantar la mano de cara a la sucesión de Adriana Magaly Matiz.
A propósito de Matiz, hoy en el Tolima la ciudadanía la percibe como una mujer de carácter y carisma. Sus posturas frente al presidente Gustavo Petro, a quien ha lanzado mensajes críticos y firmes, le han dado visibilidad nacional y la proyectan como una dirigente con peso propio. Sin embargo, hay quienes sostienen que ese choque con el Gobierno Nacional ha traído consecuencias, pues habría disminuido la voluntad de invertir recursos a través de la administración departamental. También podría interpretarse como estrategia política: la Casa Barretista parece tener claro que Adriana Magaly podría convertirse en figura ministerial y, por qué no, en una futura presidenciable. En todo caso, los medios nacionales ya empiezan a darle un espacio destacado cuando destacan la firmeza con la que responde al presidente.
Ahora bien, aunque su liderazgo es innegable y ha tenido logros en materia de seguridad —su bandera de gobierno—, el descontento ciudadano también se hace sentir: las grandes obras de infraestructura no avanzan, y a estas alturas del segundo año de mandato apenas se adelantan estudios y diseños. Todo indica que será la próxima gobernación la que entregue proyectos estratégicos incluidos en el actual plan de desarrollo.
Los nombres en el sonajero conservador
En la Casa Conservadora suenan varios precandidatos:
Giovany Molina, presidente de la Asamblea, dos veces el más votado de esa corporación y uno de los alfiles más fieles del senador Barreto.
Ricardo Orozco, exgobernador, quien ya demostró lealtad a su jefe político, aunque su popularidad ha bajado por investigaciones en la Corte Suprema relacionadas con presunta corrupción en el sector salud.
Olga Lucía Alfonso, actual directora de Cortolima, reelegida en el cargo y reconocida por su gestión financiera y administrativa.
Fernando Borja, secretario de Desarrollo Agropecuario, hombre de confianza que ha sido gerente de varias campañas conservadoras y a quien en el barretismo ven como una carta ganadora por su cercanía, carisma y conocimiento del territorio.
La expectativa está en cómo se definirá internamente el mecanismo para elegir al candidato único que representará a la casa azul en 2027.
La apuesta de Andrés Fabián Hurtado
Por otro lado, está el exalcalde de Ibagué Andrés Fabián Hurtado, quien desde que terminó su mandato levantó la mano para aspirar a la Gobernación. En 2024 recorrió el departamento de norte a sur, buscando agrupar a los líderes contrarios al Barretismo. Sin embargo, el respaldo de la alcaldesa Johana Aranda se diluyó cuando ella sintió que Hurtado se había convertido en una sombra para su gobierno, razón por la cual se distanció. Esto debilitó la estructura de Hurtado y fue celebrado por los conservadores.
A ello se suma la ruptura con la familia Yepes. Aunque inicialmente recibió el apoyo del partido de La U, hoy la relación parece resquebrajada. Incluso se especula con que Jaime Yepes podría medir fuerzas como precandidato a la Gobernación. Mientras tanto, Hurtado concentra esfuerzos en respaldar la candidatura de su hermana a la Cámara, a quien le promete 60.000 votos. Una apuesta ambiciosa, pero que refleja más bien su necesidad de mantenerse vigente.
Los liberales y los progresistas
En el liberalismo, uno de los nombres que se menciona es el de Jorge Enrique Cardozo, exdirector de Cortolima. Aunque ha mantenido un perfil bajo desde su salida, ha mostrado interés en lanzarse.
En el sector progresista, la figura más visible es Guillermo Alfonso Jaramillo, actual ministro del salud y exgobernador. Su eventual candidatura llegaría con el aval del presidente Petro, pero tendría que enfrentar el desgaste de la baja popularidad del mandatario en el Tolima. Pese a ello, Jaramillo tiene experiencia, contactos en Bogotá y reconocimiento en varios municipios gracias a su trabajo en el Ministerio de Salud, desde donde gestionó recursos para el departamento.
El gran reto
Más allá de los nombres, lo fundamental es que quien aspire a la Gobernación del Tolima presente propuestas reales y aterrizadas. El departamento sigue enfrentando enormes desafíos: falta de conectividad, vías urbanas sin pavimentar, déficit en acceso al agua potable, infraestructura educativa en pésimo estado, déficit de vivienda digna y una creciente problemática de drogadicción que afecta gravemente a la juventud.
El próximo gobernador o gobernadora deberá gobernar de la mano con todos los alcaldes, sin distingos políticos, para atender las necesidades urgentes de la región. El Tolima no necesita más peleas ni discursos vacíos, necesita soluciones concretas y resultados.




