
Una administración que no logre fomentar buenos hábitos de recaudo ni promover el pago responsable de la deuda fiscal, está condenada a tener un municipio en la miseria.
Hace pocos días, el Departamento Nacional de Planeación (DNP) publicó los resultados del Índice de Desempeño Fiscal (IDF), y la realidad para el Tolima no es alentadora: solo 13 municipios del departamento estuvieron por encima del promedio nacional, que fue de 55.86 puntos. Pero ¿qué es exactamente este índice y qué significa que la mayoría de nuestros municipios no sean sostenibles fiscalmente?
El Índice de Desempeño Fiscal es un instrumento que mide anualmente la sostenibilidad y eficiencia de la gestión fiscal territorial en Colombia. Según el DNP, lo hace a través de indicadores agrupados en dos dimensiones: resultados fiscales y gestión financiera.
Para la vigencia evaluada (2024), los municipios con calificaciones bajas reflejan su incapacidad para ser autosostenibles. En otras palabras, no tienen capacidad de recaudo ni mecanismos efectivos para recoger los impuestos. Y aunque la responsabilidad inmediata recae sobre la administración de turno que no implementa estrategias de fortalecimiento fiscal, también hay que reconocer que en Colombia existe una baja cultura de pago de impuestos por parte de la ciudadanía.
Municipios del Tolima como Villarica, Honda, Cajamarca, Ataco, Cunday o Saldaña, entre otros, dependen en gran medida de las transferencias nacionales. Además, presentan serias dificultades para ejecutar eficientemente la inversión pública y cumplir con los límites de gasto. El resultado: déficit fiscal.
Hace poco vimos cómo varios medios regionales reseñaban a alcaldes que no han logrado gestionar recursos ante instancias departamentales o nacionales. Las razones son múltiples, y vale la pena mencionarlas: falta de liderazgo, desconocimiento administrativo, equipos de planeación deficientes, diferencias políticas con los gobiernos superiores y falta de voluntad política. Todo esto termina conduciendo a un patrón común: administraciones que sobreviven a punta de empréstitos y créditos, endeudando cada vez más a sus municipios.
Muchos alcaldes no alcanzan a pagar las deudas que heredaron, y aun así siguen pidiendo más préstamos. Algunos lo hacen con fines loables para proyectos de impacto, pero otros simplemente para tapar huecos financieros o mantener el gasto corriente. Esta tendencia explica por qué más del 50 % de las administraciones del Tolima se rajaron en el índice. Y, lamentablemente, muchos concejales se limitan a aprobar los créditos sin análisis ni control, a cambio de favores o intereses particulares. ¿Y quién termina pagando esa irresponsabilidad? El pueblo, como siempre.
Ya veremos los resultados: alcaldes con nuevas camionetas, casas y fincas… y comunidades empobrecidas, igual que hace veinte años.
Señor Alcalde o Señora Alcaldesa, si su municipio figura entre los de baja capacidad financiera, preocúpese. Porque si no toma medidas urgentes, el resto de su mandato no dejará buenos frutos. Cuando recibió la administración, debió revisar el estado financiero del municipio, calcular el nivel de endeudamiento, el gasto de funcionamiento anual y los recursos disponibles para inversión. Con base en eso, debió diseñar una estrategia de recaudo sólida que fortaleciera los ingresos.
Pero muchos prefirieron seguir tapando errores del pasado y continuar con las mismas prácticas. Lo más preocupante es que, si no hay un cambio real, el Índice de Desempeño Fiscal 2025 podría ser aún más desastroso.
Actualmente, ningún municipio del Tolima es autosostenible: siete están clasificados como vulnerables, 39 en riesgo y uno en estado de deterioro, situación que podría llevarlo a una grave crisis.
Por eso, un llamado final: si no van a dejar grandes obras, dejen al menos municipios financieramente saneados. Menos contratos de mínima cuantía, menos “contratos corbata” y más acción para sacar adelante sus territorios.
Y a los ciudadanos: elijan personas con capacidad de administrar, no solo a quien “cae bien” o parece buena gente. La buena voluntad no basta para gobernar, y la falta de gestión fiscal seguirá condenando a nuestros municipios al atraso y la pobreza.




