
Una ciudad con más de 21% de desempleo juvenil muy por encima del ya alarmante 16,4% naciona no necesita espejismos ni titulares vacíos. Necesita respuestas serias, políticas públicas contundentes y una visión estratégica que vaya más allá del turismo diplomático. Pero en Ibagué, la llamada «ciudad musical de Colombia», la solución propuesta a una crisis estructural es la exportación de 700 toneladas de café a China. ¿En serio?
La alcaldesa regresó de su viaje a Chengdu, China, con dos grandes conclusiones: una, que los ocobos de Ibagué se parecen a los cerezos asiáticos (una observación casi poética pero poco útil para resolver los problemas de fondo), y dos, que el mercado chino recibirá 700 toneladas de nuestro café. Un anuncio que fue vendido como un triunfo rotundo, un hito comercial. Pero basta con hacer una búsqueda en Google para ver que China consume 378.000 toneladas de café al año. Es decir, el “gran acuerdo” representa apenas el 0,185% del consumo del país asiático. No es una azaña comercial; es una gota de café en un océano de necesidad.
Y es aquí donde la crítica se vuelve inevitable: ¿cómo exactamente este microacuerdo solucionará el drama del desempleo juvenil en Ibagué? ¿Cómo va a impactar a los miles de jóvenes que cada año se enfrentan a un mercado laboral inexistente? ¿Dónde están los planes para que esta supuesta bonanza cafetera se traduzca en empleos dignos, sostenibles y bien remunerados?
Porque, seamos sinceros, hasta ahora no hay una sola línea clara sobre cómo estos ingresos van a beneficiar a toda la ciudad y no solo a un grupo pequeño de empresarios. No hay un plan detallado de inversión en educación, capacitación o creación de nuevas empresas. Y mientras tanto, los jóvenes siguen atrapados entre la informalidad y la frustración.
Pero claro, la foto con los cerezos y los titulares sobre café venden más que un diagnóstico crudo de la realidad. La alcaldesa parece más preocupada por ganar puntos en redes sociales que por enfrentarse de frente al problema estructural que tiene Ibagué: la absoluta falta de oportunidades reales para su juventud.
Exportar café es valioso, sí. Pero pretender que un acuerdo simbólico va a cambiar el panorama de una ciudad golpeada por la falta de empresas, la dependencia del Estado y la apatía institucional, es un insulto a la inteligencia de los ibaguereños. Es hora de dejar de maquillar la crisis con viajes, árboles rosados y promesas vacías. Lo que necesitamos es política seria, trabajo de verdad y compromiso con el futuro.




