
La danza en Colombia, símbolo de identidad y tradición, enfrenta hoy un desafío silencioso: el creciente desinterés de muchos jóvenes por las artes y la cultura. En un mundo dominado por la inmediatez, lo digital ha desplazado espacios donde antes se construía sensibilidad, disciplina y sentido de pertenencia.
Sin embargo, el problema va más allá de las nuevas generaciones. La educación aún no logra integrar la danza como un eje fundamental en la formación. Se le sigue viendo como algo secundario, cuando en realidad es una herramienta poderosa para formar seres humanos integrales y conscientes de su identidad.
Mantener viva la tradición es una responsabilidad de todos. La danza no es solo herencia del pasado, es un puente hacia el futuro. Si dejamos que se apague, perderemos una parte esencial de lo que somos como país.
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