
Esta columna es dedicada a una mujer que luchó, unió y creyó en lo que merecían, para Isa Melo, la nueva Consejera Nacional de Juventudes del Tolima.
El pasado 27 de marzo de 2026, la gobernadora del Tolima, Adriana Magally Matiz, posesionó a 14 Consejeros Departamentales de Juventudes, quienes tendrán la tarea de representar a los jóvenes de los 47 municipios, haciendo interlocución con las entidades departamentales, ejerciendo veeduría y construyendo proyectos en pro y beneficio de las juventudes.
En ese espacio, una de las frases que dijo la gobernadora y que me quedó resonando fue que la posesión “no es un acto simbólico, es un acto de participación legítima de los jóvenes del departamento del Tolima”. Y tiene toda la razón, porque es allí donde se comienza a construir el futuro de las juventudes y la forma en que estas pueden llegar a escenarios nacionales.
Por ley, los Consejos Departamentales de Juventudes duran un año, y su composición responde principalmente a delegaturas hechas por cada una de las regiones del Tolima; es decir, en el CDJ están representados todos y cada uno de los municipios. Luego de posesionarse, ellos escogen una Mesa Directiva que llevará el liderazgo y la coordinación del espacio; unos comisionados que se encargarán de concertar y decidir con la Gobernación sobre proyectos y estrategias en pro de los municipios; y un delegado o delegada que representará al Tolima ante el Consejo Nacional de Juventudes. Este último es el motivo de esta columna.
El Consejo Nacional de Juventudes es la máxima representación política en materia de juventudes que tiene Colombia. Allí se construyen las agendas públicas que se concertan con el presidente de la República, el Congreso Nacional y las entidades de carácter nacional. También es el espacio donde se exponen necesidades y se plantean propuestas al Gobierno Nacional para gestionar en favor del Tolima. No es un escenario menor si revisamos su connotación y potencial de incidencia.
Por eso, quien asuma ese rol no solo debe tener la capacidad de escuchar en medio de las diferencias, sino también de unir en un propósito común: volver a poner al Tolima en el mapa juvenil. Desde 2023, el Tolima venía posicionándose como un escenario pionero en los ejercicios juveniles. No en vano, en dos años fue sede de dos eventos nacionales: el Encuentro Nacional de Consejeros de Juventudes de Ciudades Capitales y la Primera Asamblea Nacional de Juventudes, donde 2.500 jóvenes de todo el país construyeron el primer mandato juvenil presentado en su momento al presidente Gustavo Petro y a la vicepresidenta Francia Márquez.
Sin embargo, el año anterior no fue positivo para la participación del Tolima en este escenario nacional: hubo poca incidencia, nula participación y una delegatura que dejó más preguntas que respuestas. Todo ese análisis debía hacerlo el Consejo Departamental de Juventudes al momento de escoger a su nueva representante, con el fin de retomar un rumbo en el que otros departamentos vuelvan a vernos como referente.
Ahí es donde cobra relevancia la frase de la gobernadora: la posesión y la elección no son actos simbólicos, sino un propósito para legitimar al Tolima, para que las juventudes alcen la mano y se piensen cómo, desde los escenarios nacionales, pueden construir un Tolima como territorio juvenil. Considero que los Consejeros Departamentales de Juventud estuvieron a la altura al escoger una propuesta que le apuesta a recuperar esa vanguardia en los procesos juveniles.
La nueva consejera nacional de juventudes escogida para este año es Isa Melo, estudiante de Derecho de la Universidad de Ibagué, feminista y miembro de la Fundación Creer y Merecer. Reivindicando un discurso de unión, amor y equidad, presentó una propuesta que busca que la “meca” de las juventudes vuelva a ser el Tolima.
Además, su llegada rompe un paradigma: se convierte en la primera mujer ibaguereña en ser consejera nacional de juventudes del Tolima, ya que los últimos tres representantes habían sido hombres. Asimismo, logra que la capital y la Fundación Creer y Merecer, por segunda vez, alcancen esta dignidad, con un propósito fundamental: escuchar, unir y trabajar en equipo.
Ahora, el reto que debe asumir junto a los demás consejeros y consejeras es movilizar proyectos e ideas comunes, como la reforma al Estatuto de Ciudadanía Juvenil, la reivindicación de la economía del cuidado, la construcción de políticas públicas con enfoques de género reales, entre otras necesidades que hoy expresan las juventudes del Tolima y que, conforme a las funciones del CNJ, deben impulsarse.
Isabela ya ha demostrado capacidad de gestión al liderar, junto con diferentes CMJ del Tolima, el Decreto de Estímulos para financiar, acompañar y dignificar a las juventudes con liderazgo en el departamento, el cual ya fue firmado por la Gobernación. Esto reconoce no solo el excelente trabajo de la Secretaría de Inclusión Social y Enfoque Diferencial, sino también el esfuerzo colectivo en la construcción de una propuesta conjunta.
Son esas acciones las que potencian los procesos y nos posicionan como referente nacional. Ahora, es necesario seguir apostándole al trabajo conjunto, al fortalecimiento de las redes de afecto y a la incidencia como eje fundamental de la participación juvenil, demostrando que no es el cargo, sino el encargo; y que ese encargo es poner al Tolima en el mapa juvenil.
No quiero terminar este análisis sin agradecer a los CDJ que confiaron en que Isa pueda llegar al Consejo Nacional de Juventudes. Su voto de confianza demostró que es posible construir desde las diferencias. A Manuel, Carolayn, Yerson, John, Lucía, Iván y Karol, gracias por hacer equipo. A los demás consejeros, la invitación es a trabajar conjuntamente con Isa: ella ha demostrado que podemos pensarnos una política del amor, coherente y decente, donde sus voces serán fundamentales.
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