
La rutina matinal de varios vecinos del barrio Santofimio se había convertido en motivo de alarma. Desde tempranas horas, un hombre merodeaba el sector con una actividad que, según la comunidad, iba mucho más allá de lo sospechoso. La preocupación creció al advertir que su actuar coincidía con el ingreso de estudiantes a instituciones educativas cercanas.
El cansancio de los habitantes llevó a una denuncia directa, clave para que las autoridades llegaran al lugar y le pusieran fin a lo que describen como un foco constante de microtráfico. En el procedimiento, el sujeto fue interceptado y registrado, encontrándosele varias sustancias ilícitas y dinero en efectivo.
Las primeras indagaciones indican que el hombre no solo operaba desde muy temprano, sino que su presencia representaba un riesgo directo para menores de edad que transitan a diario por el sector. El capturado fue puesto a disposición de la justicia y su historial judicial volvió a encender las alertas sobre la reincidencia en este tipo de delitos.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la preocupación de las comunidades por la cercanía del microtráfico a entornos escolares y el papel decisivo de la denuncia ciudadana para frenar estas prácticas.




