
La noche del último partido de la Selección Colombia dejó una de las imágenes más conmovedoras de los últimos tiempos. A las 9:48 p.m., en un estadio en silencio, James Rodríguez permaneció solo en el centro de la cancha, visiblemente afectado y con lágrimas en los ojos.
Aunque no hubo un anuncio oficial, los gestos del cucuteño reflejaron nostalgia y gratitud hacia la camiseta que defendió durante más de una década, dejando momentos memorables como su actuación en el Mundial de Brasil 2014.
Fuentes cercanas al entorno deportivo aseguran que, tras el próximo Mundial, James evaluaría su continuidad en el equipo tricolor, lo que abriría la posibilidad de una despedida definitiva.
Su permanencia o salida marcaría no solo el futuro del jugador, sino también el cierre de una etapa en la historia del fútbol colombiano, donde James se convirtió en referente indiscutible para varias generaciones de hinchas.




